Lo dije una vez, y lo repito: estoy en contra del gobierno, pero no estoy a favor de la manera en que se esta comportando el campo. Sí estoy a favor de la democracia. Sí estoy a favor de la institucionalidad. Sí estoy a favor de que la argentina sea un país serio en el que se puede disentir sin llegar al monumental desastre al que se llego cuando nuestra nación vivió su propia “guerra de los 100 días”. También estoy a favor de que la señora presidenta se comporte como tal y deje de ser opacada y disminuida por su esposo. Me da mucha vergüenza, como mujer, tener la mandataria que tenemos.
Sin embargo, a riesgo de pecar de oficialista, me veo obligada a estar de acuerdo con algo de todo lo que hemos escuchado durante la crisis agraria: esto debe resolverse democráticamente. Los argentinos pareciéramos no saber como vivir correctamente en un sistema democrático.
"La democracia es el peor sistema político que existe, con excepción de todos los otros sistemas.", dijo sabiamente Winston Churchill.
La democracia no es perfecta. No nos permite controlar nuestros destinos, solo nos permite elegir a las personas que van a controlar nuestros destinos. Para colmo, nos arriesgamos a que la persona que gane las elecciones sea alguien cuya mera presencia nos hace hervir la sangre. Y en una verdadera democracia quien gana, manda. Sin importar lo insoportable que esa persona sea o lo equivocada que esté. Sobretodo cuando dicha persona gano las elecciones sin mentir ni fingir ser algo que no era.
Ahora bien, ¿es así de simple? ¿Qué hay del pueblo? ¿el pueblo no puede expresarse? ¡Claro que sí! Hay formas de demostrar descontento, y son perfectamente validas y deberían existir en una democracia. Pero estoy hablando del pueblo golpeando unas cacerolas. Ni estoy hablando de los productores rurales ejerciendo su derecho a manifestarse. Me refiero al sector agropecuario que hundió a la nación en el caos y en una crisis económica cuando el país pasaba momentos de prosperidad y paz institucional. No hay derecho para eso.
El gobierno tampoco está respetando la institucionalidad que tanto dice defender. Hicieron falta cien días de caos para que la presidenta se digne a enviar una ley al congreso. Además, tenemos actuando como presidente de la nación a quien, en realidad, es el primer caballero y líder de un partido político. Por cierto, ese hombre lidera un partido político contra el cual se enfrentó en las elecciones presidenciales del 2003. A nadie parece importarle esa falta de seriedad. Ningún bando parece respetar la democracia y la institucionalidad.
Y si los del campo están indignados porque el congreso no va a hacer lo que ellos quieren, les tengo novedades: el congreso es de mayoría oficialista. Se trata de un congreso elegido por el pueblo. Y les tengo otra noticia: podrían haber votado a la Coalición Cívica en octubre y no lo hicieron. No recuerdo que el sector agropecuario halla movido un dedo para que el partido político que los apoya sea gobierno. Ahora es demasiado tarde. Pero hay elecciones legislativas en el 2009, y quienes ahora detestan al gobierno van a poder votar a Lilita Carrio y darle su apoyo, como deberían haberlo hecho. ¿Porque no hacer las cosas bien cuando llegue el momento en lugar de provocar caos, miedo y desestabilización ante los hechos consumados?







